La Zona

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Al final no fue necesario rebuscar nada, y tras unos días, algunas piezas que se habían movido de su sitio durante un par de horas de ejercicios formales fueron cayendo solas hacia donde quisieron jugando con teclas y resortes varios por el camino.

Un corto paseo entre libros y ya estamos de nuevo en la autopista (de peaje) del Eterno Retorno, camino hacia la fascinación por lo que como dijo Simmel (gracias Luis) representa como ninguna otra cosa la tragedia del impulso creador del hombre sucumbiendo a las fuerzas de la naturaleza.

Y además me vuelvo de allí con una propina que no esperaba. Como esa calidez cromática que nos regala Tarkovsky una vez entramos en la suya, la Zona de Atget parece ser ese lugar donde una (aparentemente) fría sistematización profesional da lugar a un impulso genuinamente humano tras el obturador.

Curiosamente, mientras lo primero parece haber tenido éxito en capturar la existencia de un alma inmaterial, en ocasiones parece que lo segundo esté condenado a devolvernos el frío reflejo de unas miradas vacías que no están allí.

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