El Velo del Orden

Y he aquí como dijo aquel, que tras el no aparente caos de la vida diaria empieza a salir algo a la luz tras el velo regular del orden. Gracias Joan.

Advertisements

Beneficio neto

...

Charlas sobre tiourea y sus efectos compartiendo una sidra, un sombrero de fieltro y una caña japonesa, tres Paulaner y un cachopo de setas por venir o unos kilómetros de autovía aprendiendo algo sobre hornos de aluminio. Una buena dosis de metal bajo una luz roja, una esterilla de yoga en un hayedo invernal. Una camisa de flores y un puñado de poetas trastornados. Un abrigo rojo, una bici plegable y un crucifijo de pulpo. Una geografía extensa, una red sociable y un café mañanero bien cargado. Un cortado y un recordatorio de que no es lo mismo la pereza que el abandono. Y por supuesto un colorido gorro de lana.

Será que me hago viejo.

Sin adornos

IMG_20160823_202213.jpg

Supongo que pasa con ciertos objetos, el diseño y la forma quedan al servicio absoluto de la función y una aparente simplicidad total se convierte en una atracción inevitable. Me ha venido a la cabeza hace un rato ese libro Taschen sobre la Bauhaus que tienen en la cafetería nueva, y especialmente aquellas teteras que tanto me gustaron y que usaban como ejemplo de alguna idea parecida.

Cuatro lados

...

Es una suerte que, después de todo, un cuadrado no sea más que un caso particular de rectángulo. Decía Peter Parker en una viñeta mientras atizaba a algún caco noctámbulo que según su abuela un cambio era tan bueno como un descanso, posiblemente a cuento de algún reciente cambio de traje de trepamuros. El cambio de formato ha sido de momento refrescante y liberador de por sí, y el rollo de Portra 220 sigue en la nevera esperando el día en que le toque baño, así que a ver si un poco de color acaba de rizar el rizo y de paso me saca de la negligencia en la que cierta saturación de contenidos me ha venido sumiendo últimamente.

En caliente

...

Y no tiene nada que ver con los treinta y cuarenta y tantos grados, o con el setenta y mucho por ciento de humedad.

Más bien con esas ideas que llaman a la puerta a veces en el bus de camino al trabajo, cuando como por arte de magia uno cree que caen del cielo las múltiples piezas necesarias de un tetris que da para completar una línea triple o cuádruple, explotando en una orgía de bonus y cerrando las costuras de un hilo espacio temporal con lo que se antoja el broche perfecto para un círculo que comenzó unos cuantos años atrás.

Luego llega el verano-verano, los calores y bochornos que abren este escrito, la pereza propia y el contagio de la pereza ajena, y cuando uno vuelve a mirar los apuntes de la moleskine el círculo perfecto y su broche mirados con más detalle empiez a parecer una pulsera de bob esponja.

Así que (Luis dixit), esperemos que el yo de antes del verano supiera dejar un mensaje en condiciones al del otoño, aunque no me extrañaría que al igual que aquel viajero espacial al final el arreglo del timón corra de la cuenta de quien uno menos se lo esperaría.

 

El pozo poético

...

Como quien cumple con el par de kilómetros que faltan dando vueltas al rotontódromo, se circula por caminos trillados sin acabar de decicirse por ninguno, ni de tomar ninguna salida, puteando al GPS y haciéndole recalcular el corso hasta que la muchacha pierda la paciencia y se vaya de parranda al salpicadero de algún camionero cañí. Y ahí al final en el centro afilado, el salto al vacío de la indecisión, aunque como ya sabemos, mejor saltar uno que no ser empujado.

El camino

12744101_500006090202493_2402710646436462458_n

Al final del asunto, en los inabarcables bosques que nos salen al encuentro uno tiene cierto control sobre qué camino escoger, pero mucho menos sobre a dónde le va a llevar. Sin embargo,  con el tiempo uno sí es capaz de llegar a saber si se ha disfrutado del paseo, y si lo que se ha encontrado por ahí ha hecho que valiera la pena desgastar la suela de los zapatos para, en caso afirmativo, no dudar en llevarlas a recauchutar y volver a lanzarse a la aventura.

 

De ideas y huevos

IMG_20140613_192721430

El uno, peinando sistemáticamente los nuevos barrios para llevar a cabo un pormenorizado registro del por entonces flamante mobiliario urbano de última generación. El otro, haciendo lo propio con los mil y un detalles de las viejas calles antes de que la programada remodelación urbana las hiciera formar parte del pasado.

Quizá como quien sólo va en busca del deber cumplido y de paso haciendo feliz a Baudeleire, sin aspiración artística alguna, aunque personalmente me permito dudarlo. Ambos documentando aquello para lo que que las autoridades competentes los habían requerido, pero trayendo de regreso algo más que la suma de las partes.

Dicen los que saben de eso que Apsley Cherry Garrard perdió parte de la juventud, de la salud y de la inocencia (además de en ocasiones las gafas!) en aquel viaje de invierno a Cabo Crozier en busca del huevo de un pingüino emperador. Pero aunque el hombre renegó de su sufrido trofeo el resto de sus días, leyendo lo que de aquellas vivencias acabó contando de su puño y letra uno tiene la sensación de que encontró más de lo que iba a buscar.

Así que por mucho que a veces no tengamos en la cabeza el camino a través del cual nos llega un imaginario colectivo y una cierta forma de ver y de mirar, siempre nos quedará el consuelo de saber que quizá la respuesta se halle dentro del huevo que nos espere al final de nuestro propio viaje de invierno.

De la envidia sana, o el efecto Navidad

2015-10-16

Sirva la presente para dejar algo de constancia gráfica de lo que en el post anterior llamo puntos blancos tocadores de turmas. La situación de hecho pintaba bastante bien, cielos de nubes fotogénicas, temperatura casi de primavera, monte para mí sólo, nada de viento, nuevo trípode y rótula (gracias por el chivatazo Luis), y tiempo por delante. Sobre el papel, todo bien dispuesto para cobrarme mi dosis de envidia sana.

Así que no esperaba yo que tras una mañana tan bien apañada, lo que infectase bien infectada la totalidad de los fotogramas del rollo (y como dije el otro día la de todos sus hermanos), fuese algo como esto. Algo raro ya era visible en los negativos colgados a secar.

2015-10-031

Captura con el cutréfono en la pantalla, disculpad el Moiré guarrindongo. Algo raro ya se adivina en la esquina superior izquierda…

Pero la auténtica verdad vendría un poco después…

2015-10-30 (1)

Zoom in más cutre si cabe, pero sirve para ilustrar el concepto.

Es curiosa la distribución de los puntos, tanto entre fotogramas como dentro de los mismos. En algunos casos acaparando cielos o zonas de grises medios, en otros puramente uniformes por toda la superficie, en otros (menos mal) dejando algunos fotogramas totalmente libres de problemas, siempre en esos cuatro rollos, y en lo que no parece algo inusual con esta película (buscando en Google ‘Ilford Pan F 50 white dots’ se encuentran varios ejemplos), siempre sin una conclusión clara.

Lo dicho, puramente testimonial y por si sirve de referencia para algo en algún futuro. Y si no, pues para okupar un poco del internet, que para peores cosas se usa oye.