El accidente

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Al igual que una nueva herramienta, el azar es a veces un corriente de aire que levanta las cortinas que cubren la entrada a caminos inesperados. Caminos que en muchos casos acaban en una tapia que no deja otra opción que volverse por donde se ha venido, pero que de vez en cuando te dan acceso a un nuevo campo de juego. Veremos.

 

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Formas de ver (*)

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Nos costó lo nuestro, mucho más de lo que debería, pero por fin, la otra tarde pudimos encontrar un rato sin prisas para hablar. Del trabajo, de la vida, del arte, de bicis, y cómo no, de sus alegrías y penas asociadas.

Le comentaba a Enrique en un momento dado que no tenía yo muy claro que tal me las iba a apañar con el ojo pegado a un visor y mirando a través de un rectángulo (vertical, para más inri) en el formato 6×4.5 de la Fuji, tras tantos años trabajando con las Mamiya de 6×6 y su visor de cintura.

Algo más de un año después, sigo sin creer en las balas de plata, pero reconozco que no sólo me he enamorado de la funcionalidad de esta cámara en el uso diario y de cómo cae en la mano y en el ojo como si siempre hubiese estado ahí, sino que de propina le estoy muy agradecido por haberme regalado la obligación de desarrollar otra forma de ver. No sé si eso me llevará a alguna parte, pero por lo menos lo diferente me ha devuelto ciertas ganas de hacer algo.

(*) https://en.wikipedia.org/wiki/Ways_of_Seeing

La promesa

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La autovía A-2 entre Zaragoza y Calatayud atraviesa cinco puertos de montaña: La Muela, La Perdiz, Morata, El Frasno y el Cavero. Cuando haces el viaje en los meses de invierno y en el horario habitual, empezar a subir La Muela es recibir de lleno el saludo de un sol bajo e implacable al que no hay parasol que se le resista. La molestia pronto deja paso a una sensación agradable, como la de reencontrarte con un familiar al que hacía tiempo que no veías.

Y esa sensación te acompaña desde entonces en cada uno de los puertos que te quedan por delante, en ocasiones cegándote más de lo que te gustaría pero dejando a cambio en el retrovisor la gloriosa aparición de tres carriles dorados. Luego verás al sol hacer resaltar los infinitos relieves de las colinas entre las que se abren paso los viaductos cuando pasada La Umbría aprovechas el reprís para subir La Perdiz con algo de alegría. Casi sin darte cuenta, serás recibido a tu derecha por el resplandor metálico de la cementera de Morata, y una vez alcances la cima de la siguiente subida, te saludará el brillo de los almendros de El Frasno mientras intentas mantener el coche en una curva de peralte imposible. En una buena tarde, además, tendrás la autovía para tí sólo, y los continuos toboganes y vaivenes te irán meciendo entre el calor del sol y el murmullo de un motor que parece alegrarse cada vez más de volver a casa. Antes de que te des cuenta, el toro del Cavero te estará esperando para darte oficialmente la bienvenida, y ya sólo deberás decidir si repostar allí o un poco más adelante.

 

Escape

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Sí, como la omnipresente tecla de arriba a la izquierda, o como lo que intentaba hacer Kurt Russell alias Snake Plissken en aquella fantástica peli ochentera ambientada en un Nueva-Nueva-York en la era de la Pos-Pos-Verdad. A veces hay que tomar un tren, un avión, un barco un coche o un patinete (o una bici), y escapar de los aires viciados de rutina, factor humano y cama caliente. Abrir los ventanos y dejar que entre la neblina en la cual otros chapotean tan alegremente ajenos a los visitantes chafarderos y a sus artefactos fotográficos.

Il Lombardia

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Y así es como la temporada clásica llega a su fin y uno casi puede notar el frío de la niebla, el olor a lluvia y a hojas caídas sobre un asfalto mojado, y sentir el mismo vértigo que cuanto pasaste por allí al verles corregir en el último segundo la trazada de esas horquillas imposibles a un par de cientos de metros sobre el lago, para dos horas después agradecer casi tanto como ellos esos rayos de sol ya otoñal que todavía recuerdas, débiles pero aún cálidos a las cinco de la tarde.

4:3

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Al final las ideas son como los canelones del domingo, que siempre tienen más sabor los lunes. Hubo muchas cosas interesantes en aquella mesa redonda que a buen seguro darán para otras tantas conversaciones y desarrollos, pero la que iba rebotando en mi cabeza mientras me tropezaba con aquel riachuelo donde Heráclito a duras penas hubiera remojado un pie fue sólo una.

EDIT: Por petición popular (n=2), la idea de marras era cuán mentirosa (o mejor dicho sesgada) puede ser la cámara al aislar lo más o menos idílico que uno quiera ver de la realidad mundana que lo rodea.

Interiorizando

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Plan exprés para un fin de semana nublado y lluvioso de febrero. Medio día de viaje de ida, unas buenas migas de pastor y tarde de conversación junto al fuego. Medio día de vuelta, dos rollos de Arista EDU Fomapan 100 bajo la lluvia en callejones varios, y de propina unas cuantas paradas de emergencia, poco a poco interiorizando los colores, que en campos mojados y recién labrados bajo ese cielo plomizo son un escándalo. Eso sí, digital y en móvil. Maquetas. Puros prototipos. Como la 6×12. Hmm…

Another day at the office

Another day at the office

O como pasar una mañana feliz. Ya van unas cuantas fotos usando el móvil a lo polaroid que acaban teniendo algo que me gusta, y ya van dos opiniones interesantes sobre la posibilidad de trabajar algo el color, nada es casual. Eso sí, me faltan muchas tablas y horas de vuelo, tanto del material como sobre todo de la luz.

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Nemesis

Holocaust Mahnmal, Berlin, 2009

Una pregunta recurrente.

Por qué volvemos siempre sobre los mismo elementos, las mismas escenas, los mismos conceptos ideas y lugares.

Ya tengo lo que puede ser una respuesta, o al menos eso creo.

En una conversación con un ex-colega de trabajo que ha perdido el prefijo y con el que vuelvo a trabajar día a día en otro lugar, debatíamos sobre las diferencias entre lo que hacíamos por aquellos tiempos y lo que hacemos ahora.

Técnicamente hablando, no hay muchas, casi ninguna. Sin embargo a nivel funcional  hay una muy clara.

Lo que hacemos ahora se tiene que acabar. Quod erat faciendum. It is finished.

Holocaust Mahnmal, Berlin, 2009

Acabado, explicado, empaquetado, enviado y si es posible, publicado. No podemos estar dándole vueltas a las cosas ad-nauseam, mirándolas del derecho y del revés, y vuelta a empezar, aplicando un nuevo enfoque, un nuevo método que acabamos de ver recién publicado o eternamente ampliando el proyecto para incluir otras cosas y vuelta a empezar. Entre otras cosas, porque hay gente esperando que acabes lo que tengas entre mano para que te pongas con lo suyo.

Y por qué hacíamos eso anteriormente ? Primero y sobre todo, porque podíamos. Segundo, porque tampoco teníamos una meta clara. Y porque además, y ahí está creo yo la clave, porque volviendo una y otra vez sobre lo mismo, sobre algo que teóricamente controlábamos, en lo que teníamos experiencia y nos resultaba familiar, nos sentíamos cómodos.

Estar obligado a finalizar algo, a pasar página y a seguir por otro camino muchas veces desconocido y a oscuras puede llegar a ser terrorífico, paralizante, y doloroso. Tanto que pensamos que qué cojones, que podemos quedarnos por siempre donde estamos, que allí ya estamos bien, que ahora que lo pienso estoy mejor que en cualquier otro lugar.

Con el tiempo, con la costumbre, acabamos por no sentir ya ni siquiera ese miedo, y en la partida entre el yo y el némesis, el primero pierde por incomparecencia.

Holocaust Mahnmal, Berlin, 2009

Flaco favor. Porque antes o después, de saltar al vacío no nos salva nadie.