La promesa

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La autovía A-2 entre Zaragoza y Calatayud atraviesa cinco puertos de montaña: La Muela, La Perdiz, Morata, El Frasno y el Cavero. Cuando haces el viaje en los meses de invierno y en el horario habitual, empezar a subir La Muela es recibir de lleno el saludo de un sol bajo e implacable al que no hay parasol que se le resista. La molestia pronto deja paso a una sensación agradable, como la de reencontrarte con un familiar al que hacía tiempo que no veías.

Y esa sensación te acompaña desde entonces en cada uno de los puertos que te quedan por delante, en ocasiones cegándote más de lo que te gustaría pero dejando a cambio en el retrovisor la gloriosa aparición de tres carriles dorados. Luego verás al sol hacer resaltar los infinitos relieves de las colinas entre las que se abren paso los viaductos cuando pasada La Umbría aprovechas el reprís para subir La Perdiz con algo de alegría. Casi sin darte cuenta, serás recibido a tu derecha por el resplandor metálico de la cementera de Morata, y una vez alcances la cima de la siguiente subida, te saludará el brillo de los almendros de El Frasno mientras intentas mantener el coche en una curva de peralte imposible. En una buena tarde, además, tendrás la autovía para tí sólo, y los continuos toboganes y vaivenes te irán meciendo entre el calor del sol y el murmullo de un motor que parece alegrarse cada vez más de volver a casa. Antes de que te des cuenta, el toro del Cavero te estará esperando para darte oficialmente la bienvenida, y ya sólo deberás decidir si repostar allí o un poco más adelante.

 

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Escape

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Sí, como la omnipresente tecla de arriba a la izquierda, o como lo que intentaba hacer Kurt Russell alias Snake Plissken en aquella fantástica peli ochentera ambientada en un Nueva-Nueva-York en la era de la Pos-Pos-Verdad. A veces hay que tomar un tren, un avión, un barco un coche o un patinete (o una bici), y escapar de los aires viciados de rutina, factor humano y cama caliente. Abrir los ventanos y dejar que entre la neblina en la cual otros chapotean tan alegremente ajenos a los visitantes chafarderos y a sus artefactos fotográficos.

Il Lombardia

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Y así es como la temporada clásica llega a su fin y uno casi puede notar el frío de la niebla, el olor a lluvia y a hojas caídas sobre un asfalto mojado, y sentir el mismo vértigo que cuanto pasaste por allí al verles corregir en el último segundo la trazada de esas horquillas imposibles a un par de cientos de metros sobre el lago, para dos horas después agradecer casi tanto como ellos esos rayos de sol ya otoñal que todavía recuerdas, débiles pero aún cálidos a las cinco de la tarde.

4:3

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Al final las ideas son como los canelones del domingo, que siempre tienen más sabor los lunes. Hubo muchas cosas interesantes en aquella mesa redonda que a buen seguro darán para otras tantas conversaciones y desarrollos, pero la que iba rebotando en mi cabeza mientras me tropezaba con aquel riachuelo donde Heráclito a duras penas hubiera remojado un pie fue sólo una.

EDIT: Por petición popular (n=2), la idea de marras era cuán mentirosa (o mejor dicho sesgada) puede ser la cámara al aislar lo más o menos idílico que uno quiera ver de la realidad mundana que lo rodea.

Interiorizando

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Plan exprés para un fin de semana nublado y lluvioso de febrero. Medio día de viaje de ida, unas buenas migas de pastor y tarde de conversación junto al fuego. Medio día de vuelta, dos rollos de Arista EDU Fomapan 100 bajo la lluvia en callejones varios, y de propina unas cuantas paradas de emergencia, poco a poco interiorizando los colores, que en campos mojados y recién labrados bajo ese cielo plomizo son un escándalo. Eso sí, digital y en móvil. Maquetas. Puros prototipos. Como la 6×12. Hmm…

Another day at the office

Another day at the office

O como pasar una mañana feliz. Ya van unas cuantas fotos usando el móvil a lo polaroid que acaban teniendo algo que me gusta, y ya van dos opiniones interesantes sobre la posibilidad de trabajar algo el color, nada es casual. Eso sí, me faltan muchas tablas y horas de vuelo, tanto del material como sobre todo de la luz.

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Nemesis

Holocaust Mahnmal, Berlin, 2009

Una pregunta recurrente.

Por qué volvemos siempre sobre los mismo elementos, las mismas escenas, los mismos conceptos ideas y lugares.

Ya tengo lo que puede ser una respuesta, o al menos eso creo.

En una conversación con un ex-colega de trabajo que ha perdido el prefijo y con el que vuelvo a trabajar día a día en otro lugar, debatíamos sobre las diferencias entre lo que hacíamos por aquellos tiempos y lo que hacemos ahora.

Técnicamente hablando, no hay muchas, casi ninguna. Sin embargo a nivel funcional  hay una muy clara.

Lo que hacemos ahora se tiene que acabar. Quod erat faciendum. It is finished.

Holocaust Mahnmal, Berlin, 2009

Acabado, explicado, empaquetado, enviado y si es posible, publicado. No podemos estar dándole vueltas a las cosas ad-nauseam, mirándolas del derecho y del revés, y vuelta a empezar, aplicando un nuevo enfoque, un nuevo método que acabamos de ver recién publicado o eternamente ampliando el proyecto para incluir otras cosas y vuelta a empezar. Entre otras cosas, porque hay gente esperando que acabes lo que tengas entre mano para que te pongas con lo suyo.

Y por qué hacíamos eso anteriormente ? Primero y sobre todo, porque podíamos. Segundo, porque tampoco teníamos una meta clara. Y porque además, y ahí está creo yo la clave, porque volviendo una y otra vez sobre lo mismo, sobre algo que teóricamente controlábamos, en lo que teníamos experiencia y nos resultaba familiar, nos sentíamos cómodos.

Estar obligado a finalizar algo, a pasar página y a seguir por otro camino muchas veces desconocido y a oscuras puede llegar a ser terrorífico, paralizante, y doloroso. Tanto que pensamos que qué cojones, que podemos quedarnos por siempre donde estamos, que allí ya estamos bien, que ahora que lo pienso estoy mejor que en cualquier otro lugar.

Con el tiempo, con la costumbre, acabamos por no sentir ya ni siquiera ese miedo, y en la partida entre el yo y el némesis, el primero pierde por incomparecencia.

Holocaust Mahnmal, Berlin, 2009

Flaco favor. Porque antes o después, de saltar al vacío no nos salva nadie.

Subject of interest

Untitled

 

Citroën 2CV van (Guadalajara)

Not long ago I was commenting on how much the ginourmous amount of personal vehicles (that is to say, cars) being present almost everywhere sometimes made it a right pain in the ass to try to obtain a clean composition without one of them showing their metal face, or butt, or both in the frame.

That said, in some other occasions, it’s not actually that they even help, but manage to become the picture itself.

So, to you all, thanks.

Untitled

Unknown van model (Guadalajara)

Mercedes abandonado. Judes, Soria, 2008

Mercedes 250SL (Soria)

---Ford Fiesta (Guadalajara)

VW Beetle, Puerto Naos, La Palma, Canary Islands

VW Beetle (Puerto Naos, La Palma)

Kreuzberg, Berlin. October 2011

 

Lincoln Continental (Berlin, Germany)

Kreuzberg, Berlin. October 2011

Citroën 2CV (Berlin, Germany)

Berlin. October 2011

Trabi (Berlin, Germany).

Do you know how much I paid for that rim?

 

Unknown Jaguar model (Barcelona, Spain)

Italy gets ready for general elections, April 2006

Fiat Panda (Rome, Italy)

Kodachrome mon amour

Kodachrome at Café Einstein, Berlin, 2009

Or to be accurate, more of a short affair. The one allowed by nine rolls, eight actually, since I decided to keep an unexposed one for nostalgia purposes and also because I just got out of subjects and time to meet the last processing deadline at Dwayne’s. Reasonably short-dated and found for a bargain in the shelf of a photographic store visited during my first stay in Berlin in December 2009, it was hard not to consider it worth a try. So all nine remaining rolls it was.

Menorca. October 2010

It was the first (and last) time I used that film and its rather curious (for me) processing ritual of the nonetheless already legendary prepaid film mailers that came inside the film box. Not even a stamp and up to Kodak’s european headquarters in Lausanne they went, from which they were forwarded to Dwayne’s in Kansas to be processed and sent back. As an overkill as it may look like, it all went in a pretty straightforward way and I think in a couple weeks I had all eight rolls back home, safe and sound and spotless processed.

Binibèquer. Menorca. October 2010

As part of the whole end of what was quite a legendary film, several initiatives came out to grow around its farewell, probably the best known of them being the Kodachrome Project and also the documentaries following the story of the last rolls ever being processed officially, and something more.

Menorca. October 2010

Since then, some claims of home-made DIY color processings came out, but all in all what was meant to be gone, was gone. It was interesting to be a part of it when it was still possible, and I must say that specially under some light conditions, the quality of the colors coming out of it was, pure and simply, unique (which sadly I wasn’t able to fully take advantage from). Being something specially noticeable when projected as a slide and not near as much when on a computer screen or printed, I was quite surprised to see a similar property when I first loaded them in our digital photo frame. Quite a nice  and unexpected discovery.

Camí de Cavalls. Menorca. October 2010

Not that I was actually saddened by its disappearance, being not much of a color user myself, but I can get some people coming significantly upset around its parting. Also because for us, Spaniards, its demise had been already settled de facto several years before Kodak made it official, based on a wide bunch of reasons, each one of them more surrealistic than the previous.

Or in other words, vete tranquilo, que vas bien despachado.