In search of beauty

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No se necesita mucha explicación. De hecho no hace falta ninguna. La búsqueda de la belleza es algo que se justifica por sí mismo, y la visita de hoy parecía hecha a medida para recordar eso y también algo de lo mucho que hablamos el otro día. Léase que para qué. Léase que para quién. Pues léase que para mí. Lo necesario y lo suficiente, lo justo para hacer que el corcho vuelva a flotar hasta la superficie desde las profundidades de su homenaje de nostalgia (gracias Enrique), o que el escocés volador vuelva a hacer girar las ruedas de Old Faithful en busca de un nuevo récord del mundo.

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Sí, me temo que a veces tendemos a ser parcos en palabras, parece que nos las tuvieran que sacar del fondo del pozo con un dedal. A donde voy es a lo que ya habíamos comentado más de una vez, a que tampoco es raro que un día decidamos que estamos más a gusto dando un paseo por el lugar de todos los miedos buscando la madera en que se harán realidad nuestras visiones, o quedándonos sin fuelle subiendo puertos de cuarta y luego intentando no descalabrarnos bajando la muralla china de Campillo, o dejando de sentir los pies tras dos horas en el río intentando colocar la mosca adecuada delante de las narices de la trucha más curiosa. Y luego, volver a casa y contemplar la belleza que un día tuvimos ante nuestros ojos y fuimos lo bastante afortunados como para poder llevar de regreso bajo el brazo y colgar en la pared junto a otras cosas bellas. Porque las cosas bellas gustan de estar unas junto a otras, de jugar al cuatro en raya con nuestra memoria y también de asegurarse de seguir llamando nuestra atención cuando realmente importa, como el canto lejano de las grullas, para que no nos olvidemos de pararnos a admirarlas en un alto del camino y, con suerte, a tener el valor de pedirles que nos acompañen de vuelta.

 

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De ideas y huevos

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El uno, peinando sistemáticamente los nuevos barrios para llevar a cabo un pormenorizado registro del por entonces flamante mobiliario urbano de última generación. El otro, haciendo lo propio con los mil y un detalles de las viejas calles antes de que la programada remodelación urbana las hiciera formar parte del pasado.

Quizá como quien sólo va en busca del deber cumplido y de paso haciendo feliz a Baudeleire, sin aspiración artística alguna, aunque personalmente me permito dudarlo. Ambos documentando aquello para lo que que las autoridades competentes los habían requerido, pero trayendo de regreso algo más que la suma de las partes.

Dicen los que saben de eso que Apsley Cherry Garrard perdió parte de la juventud, de la salud y de la inocencia (además de en ocasiones las gafas!) en aquel viaje de invierno a Cabo Crozier en busca del huevo de un pingüino emperador. Pero aunque el hombre renegó de su sufrido trofeo el resto de sus días, leyendo lo que de aquellas vivencias acabó contando de su puño y letra uno tiene la sensación de que encontró más de lo que iba a buscar.

Así que por mucho que a veces no tengamos en la cabeza el camino a través del cual nos llega un imaginario colectivo y una cierta forma de ver y de mirar, siempre nos quedará el consuelo de saber que quizá la respuesta se halle dentro del huevo que nos espere al final de nuestro propio viaje de invierno.

Trilogía

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Exactamente un mes menos un día después del día del libro, y a tiempo para ayudarme a pasar el rato hasta la cena de las nueve y media, llega el último de mis tres autoregalos para así completar la trilogía, junto con el ya presentado de Guillumet y cía y el justo pero tardío volumen de foto bolsillo dedicado a Sanz Lobato (dep).

A propósito del agua

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Del agua, de Jordi Guillumet, de libros que tuvo la paciencia de darnos a conocer y del oportuno chivatazo de dónde ir a buscar para, si hay suerte, encontrarlos a precio asequible y a un día de distancia.

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El trabajo de diez fotógrafos con un encargo por parte de las instituciones públicas: el de dar su visión personal sobre el antiguo puerto de Barcelona antes de que esas mismas instituciones consumaran su conversión en… bueno, en otra cosa que queda a juicio de quien lo haya sufr… experimentado de cerca.

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Y por supuesto para confirmar que uno va sobre la buena pista, la ya clásica aparición de Mr. B. (y señora) dónde a uno ya no le extraña encontrarle.

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Mr. B

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Como he observado me ocurre con alguna canción, el tío Barthes parece tener esa capacidad de p-valor < 0.05 para señalar lugares,  momentos contextos o pensamientos significativos…

Así que no me sorprendió demasiado darme la vuelta y encontrármelo allí una vez más. Esta vez hecho presencia física en el lateral de aquel estante de arte de la librería, aprovechando la pausa del cigarrillo para saludar en plan ey que tal, cómo tu por aquí.

Eso sí, la pose un poco a lo Gambardella sí que me descolocó un pelín.

Atget’s Paris

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Otro paseo entre lluvia y lluvia (como viene siendo habitual por nuestro nuevo ‘campo base’ italiano), esta vez de nuevo una corta visita a Varese, aunque no, en esta ocasión no hubo escalada a las nieblas perpetuas del Sacro Monte.

Mireia se puso las botas con seis fascículos de ‘I Maestri del Colore‘ así que yo no quise ser menos y tampoco me costó mucho adoptar este nuevo pequeñín de Taschen.

Iba a hacer una pequeña entrada sobre este libro, fotografiando la portada de forma más o menos simpática y poniendo algunas fotos de ejemplo sobre las que comentar, pero cuando encuentras a alguien que hizo eso hace unos tres años y además con gusto, no hay más que reconocerle el buen trabajo y hacerle la merecida referencia.