De entre las sombras

---

Es decir, de donde no hay, y por tanto no se puede sacar.

Está más claro que el agua que cagadas y desastres nos esperan a todos, pero ha sido un poco frustrante ver cómo las unas y las otras han decidido prolongar su fiesta de hermandad durante unos cuantas semanas a mi costa y en modo de barra libre.

Así que como note to self, y a modo de explicación autoconclusiva: el PanF50 excesivamente fino no pareció ser ni un error de exposición ni un exceso de tiempo durmiendo en el cajón tras ser expuesto, sino un Diafine post-mortem (no, resulta que no es eterno!) que no tuvo ningún problema en dejar subrevelados dos rollos más antes de irse váter abajo.

---

Posteriormente, los tres cuatro PanF50 llenos de lo que parece (en el positivo) un bonito efecto de una de esas bolas nevadas tan molonas, tampoco parecen ser causa de una mala combinación de revelador – fijador – agua, ni del estado particular o contaminación de ninguna de las partes, ya que la prueba de control (el revelado por parte de entes neutrales al marrón, cual fotográficos cascos azules), revela (no pun intended) el mismo efecto de telefilme navideño de sobremesa de antena3, o de uno de esos culebrones de narcotraficantes que nos ponen ahora.

---

Concluyendo esta bonita tragicomedia en tres actos, un examen más cuidadoso justo hace un rato del primer PanF, aquel tan fino en el que costaba ver a ojo absolutamente nada, muestra al escaneado los mismos puntitos de los cojones, que parecen haber estado ahí desde el principio, y que muy probablemente son eran intrínsecos a esos rollos, ya sea por mal estado al estar caducados (cosa rara en blanco y negro, pero siempre hay una primera vez), o debido a un mal almacenamiento por mi parte.

---

Así que como decía Bela Lugosi en Ed Wood, temed, temed al viejo dragón verde, se comerá la plata de vuestras emulsiones y os dejará con cara de tontos cuando además la falta de la susodicha os impida ver otro problema subyacente. O lo que es lo mismo, shit happens a.k.a. más se perdió en Cuba.

 

 

 

A propósito del agua (II)

Gijón. April 2015.

Una de esas ‘precualidades‘ hace que varias de las fotos de la visita a Gijón vengan que ni pintadas para sumarse al hilo de lo acontecido tras la visita del otro día y de la llegada del tercer libro autoadquirido en motivo del… día del libro (como si nos hiciera falta una excusa verdad?).

Gijón. April 2015.

Unas cuantas escenas portuarias de las que dimos buena cuenta con Alfonso, Iskra y Hassel en mano respectivamente, durante un corto paseo bajo aquel cielo reflector (lo siento chicos no he podido evitarlo!) mientras la otra parte del grupo disfrutaba de la visita al acuario.

Gijón. April 2015.

Luces y sombras

Como las polillas a la luz, siempre atraído por las mismas ruinas, sus contrastes extremos y la confusión entre motivo y cascadas de zarzales y enredaderas varias. Vale sí, también influye el hecho de que es un final de paseo perfecto de kilómetro y pico antes de darte la vuelta y volver a casa.

UntitledCada año que pasa, sobre todo desde que cedió el tejado, el estado del edificio empeora cada vez más deprisa, tanto que uno ya no sabe si de hecho las malas hierbas están ahí para ayudar a sostenerlo. O son el abrazo de la tierra que reclama la toba que un día fue suya, quien sabe.

UntitledPor cierto el formato ligeramente rectangular de las últimas fotos no es adrede, sino debido el ligero viñeteo provocado por el parasol Ihagee que claramente no estaba pensado para un 65mm en formato 6×6. Otro objeto a apuntar en la lista de víctimas de la Dremel para cuando caiga una.

Under the moonlight

---Una forma de empezar a vencer eso de lo que ya habíamos hablado con Enrique en varias ocasiones, esa timidez léase acojone, incomodidad o factor humano, sea de vecinos sospechosos, desconfiados y/o malencarados, perros vagabundos, gatos sigilosos e invisibles que te hacen dar un doble salto mortal al rascarse de repente en tus tobillos o lo que es peor en el trípode o hasta de la niña de la curva o más en serio de darle un susto de muerte a algún pobre parroquiano de corazón delicado es, simplemente, empezar practicando por lo que vendría a ser el patio de tu casa.

---Luego, una vez el aspirante ya se siente seguro en su ámbito más cercano, se puede aprovechar alguna ocasión especial en la que algún evento extraordinario haga que ir por ahí apuntando con un trípode y un armatoste de cámara no despierte tantas suspicacias como para que alguien llame a la Guardia Civil, la hoguera de Nochebuena en la plaza es un buen ejemplo.

---Y ahora que veo el frontón a ver si algún día puedo disfrutar en persona del algún Titín-Irujo-Bengoetxea o lo que sea, si puede ser en el Labrit de Pamplona, aunque al Bizkaia de Bilbao tampoco le diría yo que no. Pero esa es otra historia…

 

Cuatro bolisas

---Fotos recurrentes, como los lugares, y las lesiones. Entre la una y la otra, además de un buen par de años, unas cuantas bolisas de nieve que últimamente parece ser la única agua que se dignan en dejar las borrascas. Normalmente al día siguiente o ese mismo día llega un aire seco que lo evapora todo y la tierra se queda con las ganas, como el preso encadenado y famélico que por milímetros no llega al mísero plato de rancho que le han dejado los carceleros.

UntitledOtras veces sin embargo (aunque las menos), la cosa se torna en apoteósica y te sientes como el aventurero rubiales en su travesía por el valle del Zanskar, tanto que te emocionas y te olvidas de algunas cosas básicas. La primera que aunque la nieve parezca sólida en su caer, no veas lo que cala, sobre todo si sales con una chaqueta polar no impermeable.

La segunda es que sin experiencia en fotometría con nieve no estaría de más tener un poco más de cuidado para no acabar con rollo y pico sobreexpuesto de forma crónica, y no olvidarse el fotómetro en casa tampoco estaría mal.

UntitledLa tercera y no menos importante es que vigiles donde dejas el coche, porque como suba la temperatura y se funda el barro congelado, a lo mejor vas a tener que apoquinar 50 euros al vecino del tractor para que te saque de esa bañera de babadilla. Al final me salvó un parche de hierba hacia el que pude ir resbalando el coche hasta tener tracción pero tanto él como yo acabamos de barro hasta las orejas.