In search of beauty

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No se necesita mucha explicación. De hecho no hace falta ninguna. La búsqueda de la belleza es algo que se justifica por sí mismo, y la visita de hoy parecía hecha a medida para recordar eso y también algo de lo mucho que hablamos el otro día. Léase que para qué. Léase que para quién. Pues léase que para mí. Lo necesario y lo suficiente, lo justo para hacer que el corcho vuelva a flotar hasta la superficie desde las profundidades de su homenaje de nostalgia (gracias Enrique), o que el escocés volador vuelva a hacer girar las ruedas de Old Faithful en busca de un nuevo récord del mundo.

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Sí, me temo que a veces tendemos a ser parcos en palabras, parece que nos las tuvieran que sacar del fondo del pozo con un dedal. A donde voy es a lo que ya habíamos comentado más de una vez, a que tampoco es raro que un día decidamos que estamos más a gusto dando un paseo por el lugar de todos los miedos buscando la madera en que se harán realidad nuestras visiones, o quedándonos sin fuelle subiendo puertos de cuarta y luego intentando no descalabrarnos bajando la muralla china de Campillo, o dejando de sentir los pies tras dos horas en el río intentando colocar la mosca adecuada delante de las narices de la trucha más curiosa. Y luego, volver a casa y contemplar la belleza que un día tuvimos ante nuestros ojos y fuimos lo bastante afortunados como para poder llevar de regreso bajo el brazo y colgar en la pared junto a otras cosas bellas. Porque las cosas bellas gustan de estar unas junto a otras, de jugar al cuatro en raya con nuestra memoria y también de asegurarse de seguir llamando nuestra atención cuando realmente importa, como el canto lejano de las grullas, para que no nos olvidemos de pararnos a admirarlas en un alto del camino y, con suerte, a tener el valor de pedirles que nos acompañen de vuelta.

 

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2 thoughts on “In search of beauty

  1. Muy cierto eso de que las cosas bellas gustan de estar juntas, o las bellas para uno, o las que le hacen la vida agradable a su poseedor, por eso de tarde en tarde uno las desparrama sobre la mesa -montones de fotos, o libretas de dibujo, u objetos de madera, cuchillos, lo que sea- y los repasa con la vista y las manos mientras el scotch cae sorbo a sorbo, y la cabeza se va adonde estuvo un día, y quizás al sitio del que nunca se debió salir. Ya estamos a vueltas con los homenajes…

    • Pues sí, el viernes, y anteayer lo pensaba en un par de paseos que pude dar por el pueblo aprovechando la ‘visita del médico’. Los paseos típicos, ir a ver como está el río y luego dar la vuelta por el camino para volver por el otro lado, cuatro kilómetros escasos. Especialmente en la del viernes tarde, el aire (helado) moviendo las copas de los chopos y las nogueras – pocas pero hay algunas nueces este año – salió a recibirme una lluvia de hojas amarillas cubriendo la carretera delante de mí. El año pasado yo diría que sobre estas fechas, en la misma curva lo que me recibían eran las grullas saludando desde lo alto, en estricta formación de V. He guardado tres tacos especialmente guapos de la leña de chaparro que nos trajeron el sábado, con una pátina bastante sugerente, casi parecen un acero de Damasco de estos https://www.youtube.com/watch?v=OP8PCkcBZU4. Lo dicho, las cosas bellas.

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