El lago

and there, I could only find sorrow

Pues sí, resulta que tú también tenías doce años aquel final de verano. Aquel final de verano en el que a última hora de la tarde del domingo la playa también parecía ya un poco más fría y un poco más oscura, aquellas tardes en las que alguien que no admitía discusión también te decía que te echaras por encima la toalla al salir del agua, que ibas a coger frío, y en las que al caminar arrastrando los pies bajo la arena una humedad que antes no estaba ahí hacía que ya no llegaran secos al duro asfalto donde les esperaban las zapatillas.

Aquel final de verano que tú aún no sabías que sería el último igual a todos los que hubo antes, y que daría paso a muchos más finales de verano en los que volverías a ver caer muchos soles tras muchos horizontes y a sentir el mismo aire frío en la misma piel que sin embargo ya nunca volvería a cubrir a la misma persona.

Y resulta que treinta años después has leído y has entendido, has entendido y has vuelto a subir al tren y has deshecho el camino, y has recorrido otra vez la playa para ver si volvías a encontrarte allí olvidado, arrastrando los pies por esa arena un poco más fría y un poco más oscura, la alfombra de un futuro inmediato que nunca querrías haber pisado.

 

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