La caverna

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Había en aquellos años un olor diferente en el aire cuando llovía a última hora de la tarde. Seguirían siendo pequeñas realidades incontestables aunque nadie más te las comprase, como esa primera mañana de septiembre en la ya que sientes algo distinto y sabes que como a todas las gentes del otoño te toca empezar a despertar de la animación suspendida del verano. Los mitos nos previenen, y si alguna vez lograses escapar de la caverna, tu suerte sería también tu maldición, pues por mucho que te esforzases en explicar a los pobres diablos de dentro lo que has visto, decidirían quedarse en el interior y seguir rascando la cabeza del dragón, y tú saldrías de allí como un Tarsos de pacotilla al que mandarían de vuelta por donde había venido. La cuestión es que durante esos pocos segundos en los que el olor de la la leña quemando en la estufa a lo lejos te transporta allí donde tú sabes, jurarías que tienes todo lo que necesitas, y que has entendido como funciona lo que hace girar el mundo.

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One thought on “La caverna

  1. Parece que somos legión los que consideramos el verano como un simple parón improductivo (Luis dixit, creo). Yo lo noto menos en la ciudad, pero todavía en las afueras donde vivo se sigue disfrutando el olor de los primeros fuegos en las cocinas del otoño. Entonces uno sabe que vuelve a empezar lo bueno, que se puede salir de la caverna.

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