La forma del tiempo

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Tal vez como decía Bradbury el tiempo se parece a la nieve que cae calladamente en una habitación negra. No lo sé. Hace ya unos años, tras unas cuantas excursiones por el monte con mi tío (que aún con 75 años me dejaba atrás subiendo las cuestas campo a través como si no le pesaran los años ni el ánimo), durante un par de veranos le cogí el gusto a calzarme las Chiruca, colgarme la cámara y salir cada mañana a explorar sin rumbo para ver lo que salía a mí encuentro, disfrutando del olor del tomillo seco al caminar a través de un paisaje siempre humilde y asequible, o subiendo a lo alto de los riscos y los collados para ver lo que parecía el mundo desde ahí arriba y luego buscarme una vía de retorno que me dejase en casa a la hora de comer. Revisando otras fotos de aquellos días, las botas aún parecían nuevas y en la barba costaba encontrar alguna cana. Exploración a pequeña escala en el patio trasero de tu casa, y en el patio trasero de tu memoria. Muchas veces no se necesita más, y por eso aquellos días vuelven a tu cabeza sin esfuerzo, como aquella primera vez que probaste una tortilla de collejas.

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4 thoughts on “La forma del tiempo

  1. Tu cita de Bradbury me ha recordado inmediatamente a uno de los comienzos de libro más bonitos que he leído, y que me sugiere una descripción del paso del tiempo, casi de la eternidad, de lo más acertada. Es de la Mazurca Para Dos Muertos, de Cela. Te la dejo:

    “llueve mansamente y sin parar, llueve sin ganas pero con una infinita
    paciencia, como toda la vida, llueve sobre la tierra que es del mismo
    color del cielo, entre blando verde y blando gris ceniciento, y la raya
    del monte lleva ya mucho tiempo borrada.”

    • There will come soft rains and the smell of the ground,
      And swallows circling with their shimmering sound;

      And frogs in the pools singing at night,
      And wild-plum trees in tremulous white;

      Robins will wear their feathery fire,
      Whistling their whims on a low fence-wire;

      And not one will know of the war, not one
      Will care at last when it is done.

      Not one would mind, neither bird nor tree,
      If mankind perished utterly;

      And Spring herself, when she woke at dawn
      Would scarcely know that we were gone.

      Sarah Teasdale /1920

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