La promesa

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La autovía A-2 entre Zaragoza y Calatayud atraviesa cinco puertos de montaña: La Muela, La Perdiz, Morata, El Frasno y el Cavero. Cuando haces el viaje en los meses de invierno y en el horario habitual, empezar a subir La Muela es recibir de lleno el saludo de un sol bajo e implacable al que no hay parasol que se le resista. La molestia pronto deja paso a una sensación agradable, como la de reencontrarte con un familiar al que hacía tiempo que no veías.

Y esa sensación te acompaña desde entonces en cada uno de los puertos que te quedan por delante, en ocasiones cegándote más de lo que te gustaría pero dejando a cambio en el retrovisor la gloriosa aparición de tres carriles dorados. Luego verás al sol hacer resaltar los infinitos relieves de las colinas entre las que se abren paso los viaductos cuando pasada La Umbría aprovechas el reprís para subir La Perdiz con algo de alegría. Casi sin darte cuenta, serás recibido a tu derecha por el resplandor metálico de la cementera de Morata, y una vez alcances la cima de la siguiente subida, te saludará el brillo de los almendros de El Frasno mientras intentas mantener el coche en una curva de peralte imposible. En una buena tarde, además, tendrás la autovía para tí sólo, y los continuos toboganes y vaivenes te irán meciendo entre el calor del sol y el murmullo de un motor que parece alegrarse cada vez más de volver a casa. Antes de que te des cuenta, el toro del Cavero te estará esperando para darte oficialmente la bienvenida, y ya sólo deberás decidir si repostar allí o un poco más adelante.

 

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4 thoughts on “La promesa

  1. Óscar, cada vez que escribes una cosa de estas me entran unas ganas terribles de meterme un viaje en coche, al estilo americano. Dejando de lado las bromas, últimamente se ha escrito bastante sobre la España despoblada y me está apeteciendo ir a descubrirla.

    • Pues para variar, la culpa es de Luis 😀

      No, es broma, en este caso la ‘culpa’ la tiene Nico, aunque Luis también puso de su parte, en una reciente conversación en FB al hilo de Stephen Shore y sus trabajos. Conversación que me hizo recordar su expo en la Mapfre de Gijón, aunque más bien debería decir que me hizo recordar algunas fotos concretas, y de ahí sin quererlo me acordé de esta foto, que es de nada menos que del 2004. Y es que hay algo de promesa vaporosa en el olor a gasolina de esas imágenes de road trips desérticos y saturados de colores chillones, ya sean las promesas de viajes idealizados en el horizonte, o de los que en su día te lo parecieron.

      Me da un poco de miedo eso de que se ponga de ‘moda’ la España vacía, pero como tampoco creo que vaya a llenarse de bares de cereales con leche ni tiendas de ropa a cuadros o barberos con moño, espero que siga a salvo por muchos años aún para que puedas ir a disfrutarla cuando quieras 🙂

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