Böckliniana

...

No sabía muy bien por qué, pero un día ni mejor ni peor que cualquier otro, después de haber vuelto por enésima vez a lo que queda del yesar de la central, aquel Efke IR820 sin filtro infrarrojo me dió algo con lo que, cosa rara, quedé lo bastante satisfecho como para no sentir necesidad de intentarlo desde entonces. Bueno vale, a intentarlo en serio.

Revisando ayer la bolsa que llevé al pueblo en la última ocasión, antes de guardarla en el armario, acabó entre mis manos ese librito que ya hemos comentado alguna vez, el de los paisajes de Simmel (gracias Luis).

El caso es que al abrirlo me ha venido a la cabeza una de sus imágenes, la de esa isla de los muertos de Böcklin que tantas veces ha sido inspiración más o menos directa, desde cuadros de Dalí hasta el supuesto final de la torre del hotel de mis queridas calles de arena, a las que ya hice referencia en su día con esta misma foto, de nuevo sin saber muy bien por qué.

Y allí sigue, en la página 24, una ruina que me resulta tremendamente habitable y en la que casi puedo sentir en el aire el olor a ciprés en un día soleado, como durante la parada en aquella ermita del siglo XII, o como me pasa cada vez que me pongo a deambular por las ruinas de la antigua ciudad de Emporion.

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3 thoughts on “Böckliniana

    • Pues no creas 😀 Aunque seguramente no pensé en las connotaciones al escribirlo, o al menos de forma consciente, la verdad es que hay un algo en esa escena de la isla que me resulta enormemente, digamos, agradable, plácido.

      Por aplicar un poco la razón, que ya sabemos que también nos gusta, esta mañana tras leer tu comentario y seguir leyendo alguna página más de Simmel, me he encontrado allí con el concepto siempre presente en sus obras de la eternidad (como bien dices).

      Tanto a nivel temporal (en parte en esos árboles no en vano imperecederos, esos cipreses o sus primas las sabinas, que apenas parecen cambiar de color durante el año como el autor dice pasa en el sur de Italia o, cómo no, en algunas mesetas que conocemos), como espacial, flotando en una especie de vacío, un lugar sin espacio ni tiempo ajenos a los de su propia existencia.

      Ya lo hablamos alguna vez, quizá hay sitios que tienen algo por sí mismos, donde uno va encontrando durante la historia una sucesión de lo que sea, cruceros, templos, ermitas, la zona del Stalker, que más que cobrar pagaría por llevar a alguien para poder volver a estar en ella, qué sé yo. O quizá esos lugares los hacemos nosotros después de todo, pero ahora que me voy permitiendo tirar tanto o más de creencia que de ciencia, creo que cuando el río suena es por algo.

      Y es curioso que me pongas esa foto, con su ruina su árbol y su muchacha…

  1. Pingback: Gironina | single coated

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