La Zona

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Al final no fue necesario rebuscar nada, y tras unos días, algunas piezas que se habían movido de su sitio durante un par de horas de ejercicios formales fueron cayendo solas hacia donde quisieron jugando con teclas y resortes varios por el camino.

Un corto paseo entre libros y ya estamos de nuevo en la autopista (de peaje) del Eterno Retorno, camino hacia la fascinación por lo que como dijo Simmel (gracias Luis) representa como ninguna otra cosa la tragedia del impulso creador del hombre sucumbiendo a las fuerzas de la naturaleza.

Y además me vuelvo de allí con una propina que no esperaba. Como esa calidez cromática que nos regala Tarkovsky una vez entramos en la suya, la Zona de Atget parece ser ese lugar donde una (aparentemente) fría sistematización profesional da lugar a un impulso genuinamente humano tras el obturador.

Curiosamente, mientras lo primero parece haber tenido éxito en capturar la existencia de un alma inmaterial, en ocasiones parece que lo segundo esté condenado a devolvernos el frío reflejo de unas miradas vacías que no están allí.

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3 thoughts on “La Zona

  1. Cada cual tiene sus zonas, ¿verdad querido amigo? Viendo esta fotografía tuya, sin vida animada a la vista -como la práctica totalidad- me viene ahora a la cabeza la recomendación que hace el autor de un librillo sobre acurela y paisaje que ando estudiando y que consiste en “humanizar” los paisajes con gente o animalicos varios. Y digo yo ¿que qué necesidad hay de hacer eso? Pues ya está…

    • En general los paisajes que tenemos a mano ya están suficientemente humanizados sin necesitar de añadir paisanos o animales domesticados, y cuando se hace se acaba haciendo una mala copia de Brueghel el viejo pasando a un costumbrismo algo rancio. 😦

      Por estos lares es prácticamente imposible encontrar algún lugar que no haya sido modificado por la acción humana. Quizás se trate de encontrar algún tipo de empatía via ungulado retozón, aperos o ausencias

      • Pues sí, muchas de las cosas que se ven por aquí (bueno, por allí) son efecto claro de la mano del hombre primero, y de su desaparición después, algo así como un ‘mundo sin nosotros’, donde el hombre siempre está, aunque ya no se le vea.

        Ungulados retozones y trotadores los hay, de hecho cada vez más, pero además de desconfiados son bastante inquietos 😀 Otro tipo de animales más humanos, digamos perros o sobre todo caballos (que casi se diría que son tanto paisaje como animal) a los que no me importaría incorporar a la ecuación alguna vez, tampoco se prodigan mucho por allí…

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