El método

[Untitled] (1)

Guardo entre los apuntes y notas que rescaté de mi anterior trabajo un par de hojas fotocopiadas con un fragmento de ‘El libro amarillo’ (el de Albert Espinosa, no el otro). Fueron la respuesta material de una amiga a un mail en el que le expresaba mis dudas sobre ciertas decisiones personales que había tomado hacía poco y que ya no me parecían tan claras tras pasar durante las siguientes semanas por los filtros del análisis razonado.

El episodio del libro amarillo que por desgracia ha vuelto a mi memoria en los últimos días, junto con los comentarios de la última entrada, me hacen pensar que quizá no es del todo inútil animarse a escribir algo sobre la razón y su efecto en la evaluación y reevaluación de las decisiones. De las decisiones involucradas en la creación artística en general y fotográfica en particular claro. Aunque solo sea para abrir la válvula de escape y rebajar presión.

La cosa vendría a ser una derivada natural de lo que hemos estado hablando los últimos días. A raíz de la pregunta de por qué hacemos lo que hacemos, que a su vez venía de otra, por qué (cojones) hacemos siempre lo mismo. La repetición sistemática aunque a veces de forma casi inconsciente, y la sensación de dar vueltas eternamente por el ‘platéau’ del rendimiento fotográfico que, si consideramos el arte como un caso particular de deporte (peores analogías se han hecho), nos puede llevar a la pérdida de interés, la frustración, el desencanto, el abandono y la involución. Si bien los hábitos y costumbres son como esa manta vieja que siempre te hace sentir a gusto (lo cual no es precisamente poco).

A nivel técnico sabemos que no hay ningún problema en ello sino más bien todo lo contrario, de hecho no deja de ser un proceso químico y/o in-silico que responde directamente a las premisas de reproducibilidad que aplicamos en el método científico. Pim pam fuera. Que a veces uno se salta todas las reglas para ver qué pasa, pues claro, e incluso a veces los resultados dan para un Nobel y establecen un nuevo estándar y por ende pasa a engrosar la lista de métodos, pero no nos engañemos, la calidad del proceso fotográfico en lo que concierne a la exposición, negativo y copia, se benefician enormemente de la escuadra y el cartabón, que para eso se lo han currado muchos otros durante muchos años.

Cuando entramos en tierra ‘artística’ sin embargo, la cosa cambia. Y cómo cambia. Para algunos intentar aplicar algo frío como es una tabla, un esquema, una lista o ya no digamos un diagrama de flujo a un proyecto de creación artística es poco menos que un sacrilegio digno de la peor de las torturas. Idem de idem con los límites del tipo que sean, para algunos el arte ha de surgir de la libertad absoluta y cualquier intento de ponerle paredes, a la hoguera ! Qué es eso de exigir plazos de entrega !

Sin embargo, si un escritor nos dice que para su última novela ha partido de un esquema con su introducción, nudo, desenlace, personajes, líneas temporales y requiebros, y que tenía que tenerla finiquitada en x tiempo en muchos casos no le pondremos ninguna pega. Pero bueno en el fondo puede que sea una novela para pasar el rato, tampoco es nada del otro mundo. Ahora imaginemos que ese escritor es el manco de Lepanto. ¿Qué pensaríamos ahora?

Al respecto hay algunas páginas interesantes en el ‘On being a photographer´, de Bill Jay y David Hurn, donde dialogan sobre los beneficios de la elaboración de unos límites y de un guión que nos servirá de libro de ruta mientras dure el proyecto, nos ayudará a identificar los objetivos puntuales y globales, a poner límites temporales y espaciales a los mismos, a identificar posibles objetivos redundantes u otros que nos falten, a saber cuándo nos estamos yendo por las ramas o durmiendo en los laureles o apuntando hacia dianas que no son realistas y a marcarnos el camino de vuelta a casa como proverbiales migas de pan. Y a lo que a mi modo de ver es quizás lo más importante, a saber cuándo hemos acabado y toca empaquetar para pasar a lo siguiente. A eso me he referido en entradas anteriores con la elaboración de un método. Método que saltarse a la torera cuando a uno le venga en gana, sí, pero que va a seguir ahí si hace falta, frío y calculador.

No tenemos que irnos muy lejos de Lenswork para encontrar opiniones que si bien son parcialmente coincidentes, también apuntan hacia conceptos que según se mire son bastante antagonistas. En uno de los podcasts de Brooks Jensen el editor de Lenswork habla sobre la utilidad de lo que el llama algo así como ‘crear el proyecto sobre la marcha’. Es decir, simplemente aprovechar el enorme archivo que todos atesoramos fruto de las salidas fotográficas más o menos productivas al buen tún tún para de vez en cuando extenderlo sobre la mesa con la esperanza de ir extrayendo un patrón temático in-situ, una serie de fotos que compartan algún tipo de mensaje común que consideremos más o menos merecedor de atención. Voilà, ya tenemos el proyecto-refrito y además damos uso a todas esas fotos y le damos una razón de ser a las excursiones sin rumbo. Mola. De hecho la idea me ha molado durante más de dos años, no lo voy a negar. Y me sigue gustando.

Porque ojo, esas excursiones que podríamos llamar de mantenimiento tienen valor, y mucho, y siguen siendo necesarias, como lo es salir a rodar por el simple hecho de rodar cuando a uno le gusta salir en bici, o caminar si lo que nos va es subir montañas, o para mover el coche si se nos descarga la batería demasiado a menudo. Pero creo que acometer con demasiado entusiasmo ese modo de hacer también hace correr el peligro de ponerse las antojeras y caer en el ‘todo está ya hecho’. No fui consciente de eso hasta que el mes pasado pasé por los vídeos de la Virreina y más concretamente de la ponencia de Pepe Baeza sobre los años ‘dorados’ del documentalismo. Hacia el final de ese vídeo se habla de un concepto ¿? que felizmente había ignorado hasta el momento, la postfotografía.

‘Todo está hecho. Vivimos en un mundo que ha alcanzado la saturación de imágenes. Todas las fotografías que valía la pena hacer ya están hechas y por tanto ya no tenemos que hacer ninguna más. Simplemente cogemos las que nos interesan del gran repositorio público y las editamos. Componemos ponemos y quitamos según haga falta. Tenemos el material y los medios. La fotografía ha muerto.’

Qué miedo. Pero de verdad.

Y si lo escuchamos en el contexto sobre el que versa la ponencia, el fotoperiodismo-documentalismo será difícil recuperarse del susto, aunque si lo hacemos será peor porque podremos escuchar de fondo como los cuatro que mandan en este mundo piden más Moët Chandon y caviar. Una sociedad viviendo del eterno retorno de flickr, facebook, twitter y magnum y que dice que la realidad se repite y por tanto ya no importa. Póngame dos !

Y volvemos hacia lo mismo, hacia la clave: el por qué. Por qué hacemos lo que hacemos, por qué consideramos que es importante. Y por qué de hecho lo consideramos tan importante que mira, yo te lo encuadro de esta manera, te lo enfoco expongo y revelo de esta otra, lo organizo como un todo inseparable de cada una de sus partes, y ahí te lo dejo porque quiero que tú lo veas, porque considero que es importante para mí y porque creo que puedo hacer que veas que también es importante para tí.

Pues a eso me refería cuando hablaba del método.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s