Nemesis

Holocaust Mahnmal, Berlin, 2009

Una pregunta recurrente.

Por qué volvemos siempre sobre los mismo elementos, las mismas escenas, los mismos conceptos ideas y lugares.

Ya tengo lo que puede ser una respuesta, o al menos eso creo.

En una conversación con un ex-colega de trabajo que ha perdido el prefijo y con el que vuelvo a trabajar día a día en otro lugar, debatíamos sobre las diferencias entre lo que hacíamos por aquellos tiempos y lo que hacemos ahora.

Técnicamente hablando, no hay muchas, casi ninguna. Sin embargo a nivel funcional  hay una muy clara.

Lo que hacemos ahora se tiene que acabar. Quod erat faciendum. It is finished.

Holocaust Mahnmal, Berlin, 2009

Acabado, explicado, empaquetado, enviado y si es posible, publicado. No podemos estar dándole vueltas a las cosas ad-nauseam, mirándolas del derecho y del revés, y vuelta a empezar, aplicando un nuevo enfoque, un nuevo método que acabamos de ver recién publicado o eternamente ampliando el proyecto para incluir otras cosas y vuelta a empezar. Entre otras cosas, porque hay gente esperando que acabes lo que tengas entre mano para que te pongas con lo suyo.

Y por qué hacíamos eso anteriormente ? Primero y sobre todo, porque podíamos. Segundo, porque tampoco teníamos una meta clara. Y porque además, y ahí está creo yo la clave, porque volviendo una y otra vez sobre lo mismo, sobre algo que teóricamente controlábamos, en lo que teníamos experiencia y nos resultaba familiar, nos sentíamos cómodos.

Estar obligado a finalizar algo, a pasar página y a seguir por otro camino muchas veces desconocido y a oscuras puede llegar a ser terrorífico, paralizante, y doloroso. Tanto que pensamos que qué cojones, que podemos quedarnos por siempre donde estamos, que allí ya estamos bien, que ahora que lo pienso estoy mejor que en cualquier otro lugar.

Con el tiempo, con la costumbre, acabamos por no sentir ya ni siquiera ese miedo, y en la partida entre el yo y el némesis, el primero pierde por incomparecencia.

Holocaust Mahnmal, Berlin, 2009

Flaco favor. Porque antes o después, de saltar al vacío no nos salva nadie.

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31 thoughts on “Nemesis

  1. En verdad es mejor no pensar mucho sobre ello, como dice el meme ‘what has been seen, cannot be un-seen’, y en según qué tesituras, sólo hace que prolongar la mala sangre.

    Sobre el salto, es mejor saltar antes de que te empujen.

    • Pues sí, las durezas en las manos del alfarero y las piedrecillas en el barro también acaban reflejándose en lo que sea que esté girando en el torno 😉

      Nunca lo podremos hacer tan bien como un gato, pero ver venir el salto al menos te puede ahorrar lo peor del golpe…

  2. Emocionante. De lo poco sesudo que se puede leer por estas bitácoras en que nos movemos, las fotográficas, digo. Pero quizás no sea -me sea- tan sencillo asumir que es así, como lo pintas. La otra actitud, la aparentemente inquieta puede ser a la larga tan inmovilista como la que apalancarse en lo conocido; uno también puede quedarse siempre en la búsqueda, en el riesgo, en el movimiento más o menos sin fin, o en la marcha errática, para no culminar nada, en ningún sitio. Lo que no es necesariamente malo, o menos malo que repetir y regodearse en lo conocido. Mira que si, a lo mejor, resulta que después de tanto viaje y meneo ese lugar cómodo, plácido y familiar es donde realmente uno es, o donde quiere estar. Debe ser que estoy mayor y cansado, pero a veces lo único que me apetece es quedarme quieto, y cada vez miro con más aversión tanta prédica sobra la innovación, el desarrollo, el crecimiento, el emprendimiento, la marcha hacia adelante y todo eso con lo que nos bombardean. También en lo fotográfico. En todo caso, si inicias ese viaje, te deseo buena suerte. Y un abrazo.

    • Hola Enrique, me alegro de que te haya resultado interesante. La cuestión no es tanto el cambio, sino el necesario estímulo. Físicamente, repetir siempre el mismo ejercicio en el mismo lugar, tiempo e intensidad no es en sí malo, pero tampoco bueno. En el mejor de los casos darás vueltas por el ‘platéau’ del rendimiento, en el peor te puede llevar a colgar las zapatillas, la bici, el bañador o lo que sea. Progresar eternamente es una quimera vendemotos, claro está, y también hay que saber involucionar de forma controlada para dejar descansar cuerpo y mente lo necesario hasta la próxima temporada que irá por donde vaya. Pero a veces pienso que en esto de la fotografía como en cualquier otra cosa, un objetivo claro cuyo inicio y fin puedas delimitar, aunque luego decidas saltarte a la torera, es algo beneficioso.

      En este instante van a revolverse cientos de tumbas pero a veces me pregunto… podríamos aplicar algo del método científico al arte ?

      Y no, no hay peligro, para mí lo cómodo, plácido y familiar (y favorito) lo va a seguir siendo 😉

      • Lo del método científico aplicado al arte es algo que tal vez te apetezca desarrollar en otro artículo. 😉
        Yo ultimamente ando algo prevenido contra todo lo que suena a “razón”, es la influencia de leer El Diccionario del que duda, de John Saul, pero tampoco veo claramente cómo soltarse la melena de las otras potencialidades humanas, intuición, memoria, creatividad o sentido común (Saul dixit). Siendo así las cosas -para mí- lo único que veo alrededor son posturas ideológicas irreconciliables, tirar hacia adelante con propuestas estéticas e intrumentales (claramente, digiloquesea) que no van conmigo, o tomar partido por una especie de resistencia numantina y “re-visitante” del pasado glorioso. He dicho…

  3. Hola,

    Perdonadme por entrar en este debate. El otro día casi hablamos de este mismo tema a propósito de un fotógrafo inglés Michael G. Jackson (importante la G, para diferenciarlo del Jaco a la hora de buscar en internet). El tío en cuestion lleva más de seis años yendo a una playa cercana a su casa a sacar fotos de las marcas que dejan en la arena las mareas al retirarse. Usa siempre el mismo objetivo y prácticamente a las mismas horas.

    Yo creo que el hacer siempre lo mismo no es estancarte. De echo, a mí me parece una evolución. Obviamente, hacer lo mismo no es hacer siempre la misma foto, sino investigar el mismo tema, desarrollando nuevos puntos de vista, nuevas ideas, quizás nuevos procesos.

    La evolución no creo que tenga que ser de modo cataclísmico, romper con todo y empezar con algo totalmente diferente, sino poco a poco, paso a paso, con cambios aparentemente imperceptibles. Respecto a lo de trabajar en una zona cómoda, pues sí, pero sin darte cuenta vas moviendo esa zona y al cabo de un tiempo resulta que esta nueva zona ya no se solapa en nada con la inicial.

    • Nada a perdonar Alfonso ! 🙂 Al contrario, me alegro, y mucho, de que la cosa haya generado interés e ideas. Al final será verdad que aquello que va asociado a alguna vivencia personal de las que dejan huella (cómo fue el caso del origen de esta entrada) son las que mejor logran transmitir algo.

      Hombre la misma foto nunca podrás hacerla dos veces. Ya sabes el río fluye, y el barco de Teseo (o si nos ponemos modernos el USS Enterprise) es el mismo, pero al mismo tiempo no lo es. Pero lo que te mueva a hacerla sí puede acabar transmutándose desde un impulso inicial asociado a una idea concreta, hasta algo indefinido entre la nostalgia, el bienestar, la comodidad y la pereza. Si a veces reviso negativos y pienso que ciertos fotogramas ya son todo lo que quería o necesitaba de un cierto sujeto y condición, no puedo evitar preguntarme por qué tres meses después casi vuelvo a hacer la misma foto dos o tres veces más, sabiendo que además no va a ser la última.

      En mi asociación con algo de la vida diaria como es el tipo de trabajo que realizo (el que me da de comer quiero decir), he identificado algo parecido, que desapareció en cuanto (dedicándome básicamente a lo mismo), recalé en un sitio en el que ‘hay que rendir cuentas’ al jefe y a los investigadores. Es difícil pedirse cuentas a uno mismo en algo que se hace por ocio (aunque en el deporte por ejemplo nos resulte mucho más fácil) pero, haríamos las mismas fotos si la película que tenemos en la nevera ahora mismo fuera toda la que vamos a tener en nuestra vida ? Y no existieran las digitales, claro.

      O por el contrario clavaríamos los codos y estableceríamos un plan para cada metro (o casi) de película que nos queda, intentando escudriñar hasta el último rincón de nuestro yo para saber qué es aquello que realmente nos interesa ?

      Sobre el tocayo de Jaco, habría que saber cuál es la idea detrás de ese proyecto, porque como bien dices, seguramente él no está haciendo cada día la misma foto 🙂

      Un abrazo Alfonso, y gracias por pasarte y comentar !

    • Importante lo de la G… a mí me llevó un rato encontrarlo entre tanta fotografía del cantante. Yo no estoy tanto contra la idea de cambiar, o abrir nuevos caminos -al ritmo que sea- sino contra la idea general de que parece que la única opción es la de tirar para adelante, lo mismo que nos están contando permanentemente sobre el crecimiento. Habrá seguramente autocomplacencia en hacer siempre lo mismo pero no tiene por qué ser algo negativo -incluso aunque yo mismo exprese en alto la sensación de aburrimiento que me embarga- del mismo modo que en el avance que se propone muchas veces no hay más que un afán de subirse al tren de lo novedoso o del main stream. A mi me repugna la idea tan común de que o avanzas o no eres nada, como único camino posible, inevitable…

      • Compartimos sentimiento por ese tipo de ideas y otras parecidas. Más que ideas yo las llamaría doctrinas del gurú Osho de turno, que a mi modo de ver van bastante de la mano y bastante en línea con la destrucción del individuo como persona y conversión en individuo ‘perfil’ o rebaño, léase postfotografía y otras tomaduras de pelo parecidas, por no decir algo más feo.

        Pero no, en mi caso la temática de esta entrada versa más bien sobre una característica personal y propia: la misma que hablando en analogía ciclista me hace desistir demasiado fácilmente de rodar por nuevos caminos o carreteras, y acabar dando siempre la misma vuelta…

  4. Y ya que he entrado, me vais a perdonar que siga.

    Otra de las preguntas recurrentes que me hago, además de la anterior (porqué fotografío siempre lo mismo), es porqué coño fotografío. No sé si os ha surgido a vosotros la misma pregunta, pero a lo mejor me podéis ayudar a poner en claro mis ideas, que dependiendo de la época, suelen estra bastante confusas.

    • La respuesta corta sería porque así me lo enseñaron a mí; la larga por lo mismo que procuro “tocar” un instrumento, salir al campo alguna vez, o hacer esas pocas lecturas no evasivas. Son esas cosas que no se hacen con prisa, ni para obtener nada sino que son un fin en sí mismas; que te permiten reflexionar sobre otras y en las siempre cabe la mejora por la práctica. Eso ayuda a mantener la cabeza en su sitio.

      • No estoy seguro de que no se obtenga nada, aunque seguramente desconozcamos el mecanismo que desencadene esa ‘necesidad’.

        A ese respecto, me vuelvo a remitir al amigo Andrei 🙂

    • ¿Por qué? Mi respuesta es bastante más variada pues no fue la misma motivación al principio que ahora, o tal vez ha sido la misma y solamente ahora aparece más clara. Podría ser una mezcla de “fotografío porque no sé pintar”, recuerdo que me animé a ponerme en serio con esto tras un fracaso gordo con la pintura. Quizás es una excusa tonta porque tendría que preguntarme por qué quería pintar, y pintar paisajes, que es lo que hacía.
      Hace tiempo me di cuenta de que lo hago por codicia y supongo que por frustración. Lo decía en el manifiesto de mi página antes de que lo quitara por ñoño. Con las fotografías doy forma a los lugares que sueño, en los que no vivo -Óscar recordará sin duda otra conversación mantenida a cuenta de Barthes y los paisajes- y que deseo para mí, para vivirlos tantas veces como quiero. Decía que solemos guardar los recuerdos como si fuesen fotografías, estáticos y aislados, pues bien, yo colecciono fotos como si fuesen recuerdos.
      Luego y como adorno está el fetichismo del equipo, la cualidad “táctil” del proceso, the smell of the fixer in the morning, y todo eso… 😉

      • Cierto, Barthes y el lugar habitable, aquel locus amoenus que puede abarcar desde la choza de los yeseros hasta la mismísima Emporion.

        No es moco de pavo el peso del adorno como tú lo llamas. Si vuelvo hacia los primeros 2000 y mi primera nómina ‘de verdad’, recuerdo que siempre supe que lo primero que haría con ella sería comprar una cámara en condiciones. O sea que un cierto germen pre-cámaras clásicas había. Seguramente en parte me vino heredado de mi corta militancia en un grupo ecologista, donde las salidas fotográficas (paisajes pero sobre todo aves) eran una gran parte del pasatiempo (y del gastacuartos).

        Los amigos también fueron una influencia importante y no se puede negar. Sin ellos quizá hoy no sería profesional ni personalmente lo que soy (para bueno o menos bueno! :D).

        Más adelante la cosa fue durante un tiempo puramente fetichista, escorando hacia el mundo de las cámaras clásicas (rusas primero, otras después). Con el armario llenándose y la cuenta bancaria bajando, supongo que antes o después me dije que había que darle alguna justificación a todo aquel material. La ‘militancia’ en ciertas comunidades o grupos fotográficos también me hicieron transitar por un tipo de fotografía (la de calle) que adoro ver y estudiar, pero que ya sólo practico como turista, ya que no siento ese interés genuino por lo que me rodea diariamente como para justificarlo.

        Y finalmente las fotos del proyecto cuya imagen representativa veis aquí a la izquierda, y que nacieron fruto de la necesidad por mover el coche durante los fines de semana y así evitar la enésima descarga de batería. Tiene bien poco de romántico, pero de momento es el único proyecto que puedo considerar acabado como tal, que despertó el interés de alguien ajeno al tema (magnachrom), y además me permitió estirar esa batería durante siete años, que no es poco 😉

  5. Yo tengo una libretilla que llevo en la bolsa con la cámara, en la que suelo escribir mis notas respecto a fotos que he hecho y a cosas que se me ocurren respecto a la fotografía. Una especie de blog personal y privado. En él, hay unos cuantos temas que son recurrentes: estos dos, porqué fotografío y porqué fotografío siempre los mismos temas, y otros como la frustración por las fotos que hago, que se parecen (o al menos a mí me lo parecen) copiadas de otras que he visto, el aburrimiento general que producen mis fotos al verlas de nuevo, etc.Como veis, son todas de carácter positivo y optimista (Enrique, no eres el único). Cada vez que surge una de estas preguntas trato de concretar la causa que en esos momentos da origen a esa pregunta. Y muchas veces la respuesta es distinta.

    Para que os hagáis una idea, respecto a porqué fotografío, las causas han sido:
    – porque es la forma que tengo a mano y que puedo hacer (ya que dibujando soy negado y mi oído es inexistente) de dar rienda suelta a un impulso creativo/artístico.
    – porque quiero tener un recuerdo de sitios y situaciones que he vivido y que no me gustaría olvidar, aunque esas fotos muchas veces no sean parecidas al aspecto real del sitio, pero es la forma en la que me gustaría recordarlas.
    – porque quiero dejar algo que perdure tras mi muerte, aunque luego no haya nadie para verlo y vaya directamente a la basura, pero alguien tendrá que molestarse en tirarlo.
    – porque me gusta tocar, manejar, sobar el equipo.
    – porque me relaja y me quita de la cabeza los líos laborales y familiares.

    Mis frustraciones vienen porque veo fotos que hice hace unos meses o años y me parecen sosas, aburridas, que no dicen nada, malas tanto técnicamente como estéticamente, y eso a pesar de que en su momento quedé muy satisfecho con ellas. Por eso os comenté tanto a Luis como a Enrique, que cuando os enseño alguna foto es un empujón para seguir haciendo fotos.

    Bueno, ya veís que nadie es perfecto y que, de una manera o de otra, estas frustraciones (otros lo llamarían inquietudes)hacen que nos movamos hacia adelante, en una evolución de la que puede que no seamos conscientes.

    Este es mi granito de sal, del que no estoy muy satisfecho y que posiblemente cambie en un futuro no muy lejano (como dijo Groucho, estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros).

    • […] Una especie de blog personal y privado. […] Joder, pues ya estás tardando en hacerte un blog de estos y publicar los textos y las fotos. 😉 Yo también me compré, y llevo, una pequeña libreta para apuntar sobre las fotos…en la que aún no he escrito nada.

      • Si ya tengo un blog, en la bolsa 😉 En realidad escribo cuando no puedo hacer fotos. Además, para que voy a hacer un blog si puedo usar el tuyo y el de Óscar para dejar las cuatro paridas que se me ocurren, otra vez 😉 así que ya me podéis perdonar ambos.

        Otra cosa con la que me he comido el tarro últimamente es que me parece que todas las fotos que hago son copia de alguna que he visto anteriormente. Tengo un dilema tremendo en si ver fotos es bueno o no. Al final, las tengo todas en la cabeza y no puedo evitar en pensar que la foto que estoy sacando se parece a la de tal o cual y eso me echa para atrás y no hago la foto. Ya sé que al final hay una serie de cosas que te influyen, quieras o no, en el trabajo que haces, desde la educación que recibiste cuando eras un crío hasta lo que has desayunado hoy por la mañana. Eso es inevitable, pero me resisto a copiar.

        Sabéis que me encanta Kenna. Pues casi os diría que la razón por la que paso periódicamente por su página web es para ver sus fotos y no hacer ninguna igual. Me ha sucedido en alguna ocasión que me he encontrado delante de una estampa preciosa, pero era demasiado similar a alguna foto suya y me guardé la cámara.

        Todo esto me jode mucho. Hasta que punto puedo dejarme influenciar sin que sea una copia aunque no sea consciente de que esté haciendo una foto muy parecida a alguna ya hecha. Y qué pasa si la foto que hago es una copia (o muy parecida) de otra.

        Óscar, otra vez perdoname por abusar de tí y usar tu blog para mi desparrame mental.

      • Hombre, tampoco es para que te castigues no haciendo la foto que te podría gustar por parecerse a lo que ha hecho nadie. Tampoco va a salir como la de Kenna, pues él es tan esclavo como tú de un material y un método de trabajo, que aun con coincidencias son distintos, por no hablar de la forma de ver o de acercarse al tema. Me parece más interesante la aproximación “humilde” al trabajo de otros para entenderlo y aplicarlo a lo que hace uno mismo. A lo mejor, eso es el aprendizaje. Y si te pones muy puntilloso tampoco deberías hacer fotos con la Hasselblad, ya que él también la usa, ni fotografiar con velocidades lentas, poca luz, o al lado del mar, y la nieve ni tocarla. ‘Amos, no me jodas!! 😉
        Tampoco eres el único en no hacer una fotografía que se parece demasiado a otra que tienes en la cabeza, pero tal vez haya que luchar por hacerla justo para demostrarse que se podría hacer. Yo ultimamente ando enfrascado viendo mucha obra de Sieff porque su aproximación al retrato y la figura me encanta, con vistas a aplicarlo a las fotografías del guajín. No sé si será bueno o malo, pero de parecerse a algo prefiero que las fotos de recuerdo de mi hijo se parezcan a las de Sieff que a las de Anne Geddes, o a esas otras comerciales de niños preciosos en hi-key. Tampoco es que vaya muy bien en el intento…

      • Yo siempre llevo por ahí una moleskine, pero ha acabado teniendo más páginas sobre cosas por hacer (trabajo y ocio), relatos de vacaciones y listas de la compra que otra cosa. Aunque también me gusta hacer algún (mal) dibujo de vez en cuando.

        Tools of the trade (2)

        Como dice Luis, quizá mejor alejarse de esa necesidad de verlo todo, leerlo todo y oírlo todo, aunque de todas formas es imposible trabajar en el vacío. Habrá que ser selectivo pues, y lo de usar la amistad para seleccionar qué y cómo lo vemos, me parece una magnífica opción.

    • Tus motivaciones se parecen a las mías de forma extraordinaria, y seguro que también a lo que cuenta Luis, y Óscar tiene en la cabeza, son basicamente las de todos, amateres o no tanto. Y lo del “deja vu” es inevitable partiendo de la base de que nos hemos “educado” bebiendo de las mismas fuentes (Luis dice: así me lo enseñaron…). El tema de la insatisfacción por los resultados seguramente nace de la convivencia continua con tu/nuestro propio material, pues, en general, nos gustan de los demás fotos bastante parecidas a las nuestras (otro bonito ejemplo de codicia), tema aparte es el de la frustración por no poder resolver ciertas imágenes.
      Luego están las inseguridades, complejos, lo que dice Luis -perdona por citarte de nuevo- de que la hierba siempre es más verde en el jardín de al lado, quizás la falta de contraste, análisis y comparación con lo que hacen otros, la idealización de esos mismos y sus obras, o la falta de una visión real de la cosa fotográfica de forma amplia y con perspectiva temporal, las ganas o no de mostrar, exponer, y de recibir, o no, alabanzas y críticas, el sano aislamiento creativo que muestra su cara enfermiza en lo que de social puede tener la actividad creadora y exhibidora de fotografías. Vamos, que la cosa es complicada, pero como siempre lo realmente interesante son las preguntas…

      • Voto por Anne Geddes 😀 Si quieres pongo yo la mano, aunque creo que ya está un poco crecidito para sujerlo con una mano. Sieff fue otro que me influyó mucho por el uso que hizo de los angulares y me encantan esos quemados (o son abrasados) tan descarados que hace en alguna de sus fotos.

      • […]o la falta de una visión real de la cosa fotográfica de forma amplia y con perspectiva temporal[…]. Empiezo a pensar que esto puede ser clave. Creo que es fácil caer en una digamos idealización del proceso artístico y la asunción de que por narices debe de ser algo que quede aparte de las leyes prácticas que aplicamos a otras cosas más mundanas (o ya no sería ‘buen arte’ o ‘arte puro’).

        Ello puede llevar a frustraciones y decepciones personales con nuestro propio trabajo sin que haya una razón objetiva para ello, y me refiero a frustraciones no técnicas, claro está. Esas de una forma u otra podemos medirlas, y algo tan aparentemente frío como es establecer un umbral de tolerancia técnica suficiente nos ayuda a decir ‘esto es bueno’ o ‘sigue buscando’.

        Se ha hablado antes el respecto, los citados Bill Jay – David Hurn por ejemplo. Sí, quizá esa entrada sobre el método científico tenga una razón de ser después de todo…

  6. Así me lo enseñaron, sí, pero en algún momento hay que dejar la casa de padre (perdón por la autocita, ahora desaparecida). Sobre si hay que ver obra o no, la verdad es que desde hace algunos años – con alguna excepción – voy si quedo con amigos, son amigos los que exponen, o es una excusa para quedar con los amigos; ¿resultado? me siento más libre, porque con tanta tendencia, concepto, propuesta y demás pajarería vestida de discurso se olvida que al final lo que tiene uno delante es la ejecución, y tendrá suerte si alguien lee el pie, mientras las buenas ideas las venden en cualquier esquina a 0,9 el kilo. Habrá que estar con Rábago en que hay que dejar de tratar de leerlo todo, verlo todo y pensar/trabajar más lo de uno.

    • “desde hace algunos años – con alguna excepción – voy si quedo con amigos, son amigos los que exponen, o es una excusa para quedar con los amigos; ¿resultado? me siento más libre”
      Luis, te voy a poner un altar 😀

  7. Joder, no soy original ni en mis dudas. Os copio lo que acabo de leer en DSLR:
    “Hay autores que logran llegar a la superficie para respirar y que están construidos por otros que quedan sumergidos, tan o más poderosos”
    (Fabián Casas)
    (aquí empieza el comentario de Fernando Puche)
    “Debería resultar evidente para todos los fotógrafos que nuestra obra siempre es deudora de la de otros autores que a veces no tienen la misma suerte. No está de más recordar que nuestras queridas creaciones artísticas tienen padre, madre, tíos, abuelas, cuñados y suegras. Todo un árbol genealógico familiar que desparrama sus raíces por las estanterías de nuestra casa y a lo largo y ancho del archivo visual que almacenamos en el cerebro. Un archivo que condiciona la manera de observar y la forma de captar eso sobre lo que detenemos nuestra mirada. Un infinito cúmulo de trofeos, propios y ajenos, que nos dicta, en definitiva, qué fotografiar. A todas esas imágenes les debemos las nuestras; a sus autores un poquito de humildad.”

    Salud

      • Es imposible trabajar (y a nivel práctico vivir) en el vacío. No creo que sea lo mejor ignorar a sabiendas, pero como dijo Luis el otro día, tampoco querer verlo y leerlo todo. A nivel diario seguramente somos también deudores del imaginario visual colectivo en el que vivimos inmersos (léase publicidad en cualquiera de sus formas), y que condiciona nuestro modo de ser, ver y mostrar.

        Visto así, ser deudor de una tradición fotográfica concreta, saber cuál es y exponerlo como tal me parece algo muy positivo y necesario, y está muy bien que nos lo recuerden. Volviendo otra vez a lo mismo, viene a ser como las obligatorias pero seleccionadas referencias de un artículo científico (aunque no siempre aparezcan las que debieran, pero eso es otra historia).

        Sin embargo, para que eso sea posible a largo plazo, debe ser posible identificar las fuentes, debe haber un orden y una catalogación, una historia sistemática de la fotografía. Eso para lo que ya es historia claro. Para lo que aún no o nunca lo será, ahí es cosa nuestra el ser honestos con nosotros mismos e ir recordando (cuando podemos) en qué fuentes vamos tomando sorbos.

        EDIT: Y entonces tampoco podemos olvidar que también somos deudores de nosotros mismos, de nuestro trabajo anterior, como en muchas ocasiones una foto lo es de las que le preceden en la hoja de contactos, y no tiene sentido ignorar lo contrario. Así que un paso sólo puede venir después de otro, y el círculo se cierra después de todo…

  8. Oscar — I think I understood your post enough, but cannot reply in Spanish. My only comment would be that habit is an incredibly powerful force, whether it’s a physical addiction or a habitual way of doing things (in photography as well as other domains). Habit is comfortable. Breaking out of a habit is, as you note, terrifying.

    • Indeed. And even though one can always end with a ‘bad for good’ after time and perspective, the feeling of floor suddenly missing under your feet leaves you kind of orphan for days to come. Thanks Jordan !

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