Entre el cielo y el suelo

Sisamón. Zaragoza, Spain.

Hoy he estado hojeando un libro de segunda mano que encontré en ‘Càmeres i Col-leccions’, una de esas tiendas de las que ya casi no quedan, situada en un pequeño local del Carrer La Perla en el barrio de Gràcia. Es un sitio al que ir sin prisas, porque el señor que se encarga de la minúscula tienda (y que ahora no recuerdo si se llama Valentí o Serafí) siempre tiene algo interesante que decir a quien, eso sí, esté dispuesto a escuchar.

El lugar, ya de por sí minúsculo, lo es todavía más por la verdadera pila de cámaras, objetivos, filmadoras, equipos de montaje de super-8 y, cómo no, libros, que lo tapizan por los cuatro costados y amenazan con lapidarte si eres tan imprudente de provocarlos. Por si fuera poco, es de los pocos lugares que conozco en Barcelona donde poder reparar material clásico en condiciones sin notar como alguien saca la cartera de tu bolsillo para servirse a voluntad.

La historia no acaba ahí, dado que mientras te encuentras revolviendo libros suelen hacer su aparición toda suerte de personajes, desde chavales que buscan material para prácticas de audiovisuales hasta auténticos filósofos, siempre relacionados con la fotografía y las cámaras clásicas que catalizan la conversación, conformando una especie de camarote de los Hermanos Marx en versión fotosensible que no tiene desperdicio.

El libro me ha hecho pensar en la minúscula pero inigualable tienda, y en que al igual que el camposanto de la foto, el tiempo y el espacio también parecen pararse allí y ponerse a charlar de sus cosas. Habrá que volver a pasarse pronto.

 

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2 thoughts on “Entre el cielo y el suelo

  1. En algunos sitios aún tenéis la suerte de encontrar dónde comprar Fotografía, y lo de reparar las cámaras es un lujazo al alcance de muy pocos, así que te/os envidio. Y espero que siga siendo así por mucho tiempo. A juzgar por tu foto, dan ganas de quedarse en el cielo, con esas nubes preciosas tan bien resueltas…

    • Yo también lo espero, la última vez que pasé el señor me contaba que las cosas no iban mal, casi la mitad de sus clientes eran estudiantes de audiovisuales de algún tipo y que el material de montaje de película se vendía bastante bien. Dicho eso, para algunas de las últimas reparaciones no me quedó más remedio que liarme la manta a la cabeza y asumir el coste de enviar allende los océanos (aquel Canon 100mm f/2 por ejemplo).

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