Así me sentía yo parando el coche cada 3 minutos y saliendo ahí fuera después de una preciosa tormenta de agua viento y granizo que me pilló de lleno justo al dejar la autopista.

Creo que nunca me he cruzado con tantos coches en esa carretera, así que indudablemente escogí un buen día para hacer el payaso saltando por ahí con una cámara de fuelle y en manga corta, alucinado de que los demás no se parasen también y gozasen de aquella vorágine de imágenes.

Como siempre está bien que la vida te dé una cura de humildad, no sé si por el viento o por mi precipitación por llegar a casa y comerme unas migas recién hechas o más bien por una combinación de ambas, creo que estas dos no salieron con una calidad de foco ni siquiera aceptable. Espero no pecar de caprichoso si tengo la esperanza de poder volver a por ellas otro día, aunque sólo sea basándome en que esta tierra me ha brindado ya más de una vez segundas oportunidades, y terceras, y cuartas.
Para los curiosos con estas cosas, la película y el revelador fueron los de siempre: Arista EDU Ultra 100 expuesta a ojímetro para 200, revelada en Diafine a 3+3 minutos (más o menos) y escaneada en un Epson 3170. La cámara esta vez era la de “emergencia”, una Iskra plegable de 6×6.